iyanifa

Ofun-Meji dice:

Las hojas de Odundun son espesas al tocarla el teteregun es largo y grande en apariencia si miras a las hojas del Cactus Adete y miras a las hojas de Odundun ellas lucen exactamente lo mismo. Esas fueron las declaraciones de Ifá para Òrúnmilà cuando estaba yendo a casarse con Oro-Modimodi el vastago de Olowu-Sakoorogbale él fue aconsejado a ofrecer Ebó.

Oro-Modimodi, palabras esotéricas, de otra forma conocida como Odù, era la hija de Oluwo Sakoorogbale. Desde el momento en que su madre la cargaba en su vientre era obvio que Oro-Modimodi no era una criatura ordinaria. Cuando nació, los eventos que sucedieron alrededor de ella y del mundo entero confirmaron que no era un ser humano ordinario. Durante su ceremonia de Ikosedaye, el Awo quien estaba allí realizando los ritos puso énfasis en el hecho de que la bebé estaba especialmente dotada con poderes y cualidades únicas desde el cielo. Ella no podía, y no debía ser casada con una persona ordinaria cuando creciera. Odù estaba por debajo del estándar en belleza y en apariencia física. Estaba muy celosa de las otras mujeres. En esa etapa, Odù sólo podía ser encontrada en medio de hombres como resultado de sus celos por sus compañeras mujeres.

Oro-Modimodi (Odú) estaba dotada con extremadamente altos poderes ocultos y espirituales. Ella aplicó esos poderes para asistir a su padre Oluwo Sakoorogbale para que triunfara y se volviera grande en la vida. Algunos otros hombres quienes se acercaron a ella por asistencia fueron igualmente beneficiados de esos poderes.

Todos sabían que no podían soportar los poderes ocultos y espirituales de Odú. Fue por eso que su padre Oluwo Sakoorogbale se acercó a Òrúnmilà para que se casara con ella de acuerdo con la directiva de Ifá durante su Ikosedaye de que un hombre ordinario no podría casase con ella. Òrúnmilà consultó a Ifá e Ifá le dio luz verde para casarse. Ifá sin embargo, le advirtió a Òrúnmilà que antes debía llamar a esta mujer y preguntarle lo que le gustaba y lo que no le gustaba antes de que ella entrase en su casa.

Como resultado de esta advertencia de Ifá, Odù fue invitada por Òrúnmilà para una discusión cara a cara. Ella le pidió a Òrúnmilà reunirse en casa de su padre en una fecha específica. Cuando se encontraron, ella le prometió a Òrúnmilà que lo asistiría para su triunfo y grandeza; le dijo también que nadie sería capaz de vencerlo, que ninguno de sus compañeros Irúnmọlès serían tan grandes como él. Dijo que ella amaba ser mimada, adorada y respetada por su prometido, y concluyó diciendo que a ella le disgustaba ser vista por otras mujeres, de hecho nunca toleraría ser vista por mujer alguna en la tierra. Ella puso énfasis en el hecho de que si alguna mujer se atreviese a verla se encontraría con terribles consecuencias.

Al saber todo esto, Òrúnmilà también le advirtió que él estaba ya casado con muchas mujeres, y consecuentemente sobre esto, él necesitaba discutir esa condición con sus otras esposas antes de que pudiese darle a ella una respuesta sobre lo que le gustaba o no. Oro-Modimodi estuvo de acuerdo con él. Otra fecha fue fijada para otra ronda de discusión antes de que Òrúnmilà se fuera para su casa.

Al llegar a casa, Òrúnmilà convocó a todas sus esposas y les explicó lo que había decidido entre él y Odù. Les dijo que Odù era intransigente en el aspecto de que ella no debía ser vista por mujer alguna. Él les pidió a sus esposas que le dijeran qué pensaban; si sentían que ellas podían vivir con las inusuales reglas solicitadas; y si no, él estaba preparado para renunciar a ellas. Las mujeres reunidas les dijeron a Òrúnmilà que no había nada espectacular con eso, que ya que la mujer no estaba preparada para verlas o ser vista, ellas tampoco estaban preparadas para verla a ella. Le pidieron a Òrúnmilà que fuera y se casara con Oro- Modimodi.

Cuando Òrúnmilà y Odù se encontraron de nuevo, él le dijo que no había problemas. Odù le dijo a Òrúnmilà que regresara a su casa y que averiguara bien. Tres veces Òrúnmilà llamó a sus esposas y les preguntó si ellas estaban bien seguras de que serían capaces de acoplar con Oro- Modimodi y tres veces ellas dijeron que no había problema. Por esta razón, el matrimonio fue realizado.

Cuando Oro-Modimodi se mudó a casa de Òrúnmilà, se le dio la habitación al final del extremo de la casa. Ella amó el arreglo y las otras mujeres también. Por seis meses, vivieron juntas sin problema alguno.

Un día, una de las mujeres en la casa de Òrúnmilà llamó a otra y le dijo que consideraba el más alto insulto para una mujer, (la más pequeña de entre las esposas para el caso), que les hubiesen ordenado no ver a su nueva esposa y que ellas tuviesen que morar bajo tales reglas. Aseguró que era claro que Odù estaba usando un truco para ella evitar participar en las tareas de la casa. ¡Para echar pimienta a la herida ellas eran las que cocinaban para Odù, recogían agua para ella, barrían el recinto y lavaban las ropas para ella! La mujer rebelde clamó que Òrúnmilà les había hecho trampas para que aceptaran las reglas de la nueva esposa. Ella acusó a Òrúnmilà de bailar al compás de la más nueva de las esposas. ¿Cómo Òrúnmilà permitía que una mujer sin ser vista podía ser capaz de estar dictando a las mayores en la casa? La situación debía ser atendida y por consiguiente ajustada. Algunas de las otras esposas coincidieron en que había un marcado mejoramiento en sus vidas en el corto período en que Odù entró a la casa. Ellas sintieron que esa mejoría que vivían debía ser considerada antes de tomar alguna decisión en contra la mujer. ¿Y qué? ¡gritaron las otras mujeres! ¿Acaso es eso suficiente para que ella sea la que tome las decisiones en la casa? Ella debía ser puesta en su lugar apropiado. Una de ellas sugirió que debían confrontar a Òrúnmilà y pedirle que encontrara una solución al asunto. Otras tres mujeres dijeron que Òrúnmilà no podría hacer nada porque su cabeza estaba permanentemente en los brazos de Odù. Odù era la que estaba controlando a Òrúnmilà mismo! Si habría alguna solución, debía ser encontrada por ellas mismas. Así fue como todas concluyeron en que irían y se reunirían con la nueva mujer, la sacarían de su habitación y la harían participar en las tareas de la casa. Si Òrúnmilà le temía, ellas no tenían temor alguno, eso fue lo que concluyeron. Oro-Modimodi (Odù) estaba viviendo en el extremo final de la casa y el lugar estaba siempre obscuro, así que las mujeres fueron a buscar lámparas las cuales encenderían para verla en la habitación ya que no se explicaban que estuviera viviendo en la obscuridad desde que arribó a la casa. La mayor de las esposas les dijo a todas las otras mujeres que sacaran sus lámparas en sus habitaciones. Así lo hicieron. La esposa mayor declaró que debían arrastrar a Odu-Modimodi fuera de la habitación oscura ese mismo día para exponerla. ¡Sí! Ellas todas corearon, y allá fueron. Irrumpieron dentro de la habitación con sus lámparas encendidas y enfocaron sus lámparas sobre la cara de Odù. Lo que vieron era indecible e indescriptible. En ese mismo momento, todas colapsaron, cayeron y se derrumbaron ¡muertas! Cuando Òrúnmilà arribó a casa, sintió que algo terrible había sucedido, no podía hallar a ninguna de sus esposas. Las llamó y no hubo nadie que contestara. Oro-Modimodi no dejó su habitación. Òrúnmilà entró y encontró los cadáveres de las mujeres amontonadas unas sobre las otras en la puerta de Oro-Modimodi. Cuando él se dio cuenta de que todas ellas estaban muertas, la tristeza lo invadió. Él gritó y acusó a Oro-Modimodi de introducir agonía en su hogar, diciendo: Oro, yo no entré en un trato contigo para muerte tampoco negocié para la aflicción y no estuve de acuerdo para que mi casa fuese quemada.

Así fue como Òrúnmilà supo que las mujeres en su familia fueron quienes llevaron lámparas a la habitación de Odù para mirarle a la cara en desafío.  Eso fue lo que la provocó a ella a golpearlas bajo.

Las hojas de Odundun son espesas al tocarla el teteregun es largo y grande en apariencia si miras a las hojas del Cactus Adete y miras a las hojas de Odundun ellas lucen exactamente lo mismo esas fueron las declaraciones de Ifá para Òrúnmilà cuando estaba yendo a casarse con Oro-Modimodi el vástago de Olowu-Sakoorogbale él fue aconsejado a ofrecer Ebó Òrúnmilà comenzó a cantar y su canción se convirtió en lamentación, él dijo:

Oro, yo no entré en un trato contigo para muerte tampoco negocié para la aflicción y no estuve de acuerdo para que mi casa fuese quemada Oro respondió que verdaderamente, tú no entraste en un pacto conmigo para la muerte y tú no negociaste por aflicción pero tú no me dijiste que la luz sería traída para mirar a mi rostro.Ifá dice que no importa qué suceda, a ninguna mujer se le debe permitir ver o poseer Odù. Fue Odù misma, una mujer compañera, quien decretó en contra de ser vista por mujer alguna.

muchos iniciados en prácticas afrocubanas alegan que las mujeres no son iyanifa porque no ven a odu. la realidad es que los iniciados afrocubanos no ven a odu ni odu está en su ceremonia porque olofin no es igba odu, el que este odu en una ceremonia no define si alguien está iniciado o no porque hay iniciaciones elegan donde no se utiliza odu esto sólo demuestra su ignorancia sobre este tema.