Tambores-bata-2

Los tambores Batá, sobre todo los llamados de fundamento, los verdaderos de Aña, jurados o consagrados con los debidos ritos, nunca han sido numerosos en Cuba, según demuestra su historia. Ni lo son hoy día. Las tradiciones afrocubanas dicen que los lucumíes entraron en Cuba en una época desconocida, probablemente ya en el siglo XVI; pero los tambores Batá no llegaron con su forma y su carácter sagrado hasta el siglo XIX.

Esto debido a que sin duda a la circunstancia de haber sido traídos a Cuba como esclavos algunos tamboreros de aña, lo cual hubo de acontecer después de la destrucción de la capital de los lucumíes por los fulás en 1825, episodio que inicia la decadencia de los yorubas, con las sucesivas rebel¬días de los Egguado, de los lyesá y los Yebú, y sus derrotas por los reyes de Dahomey; todo lo cual explica la gran abundancia de negros lucumíes que en aquellos tiempos fueron traídos a La Habana y Matanzas por la trata.

En Cuba los Batá sonaron por primera vez en un cabildo Lucumí de La Habana denominado Alakisá, que quiere decir “ripiao o basura”, el cual estuvo en la calle de Egido. En el primer tercio de la pasada centuria llegó como esclavo a Cuba un negro Lucumí llamado Añabi, a quien en Cuba conocieron por Ño Juan el Cojo. Posteriormente, se decía que en su tierra era Babalawo, Olosaín y Oni-Ilú, pero al poco tiempo de llegar él a Cuba y ser llevado a trabajar en un ingenio, una carreta cargada de caña le fracturó una pierna y fue trasladado a un barracón-hospital de esclavos en Regla.

En este sentido, aquí oyó con emoción los toques religiosos de la música Lucumí, que aún no había oído en Cuba, y encontró otro viejo esclavo, Lucumí como él, llamado Atandá, o sea Ño Filomeno García, a quien él ya había tratado en África como Olubatá. Seguidamente, fueron ambos al citado cabildo y supieron que los tambores que allí se tocaban no eran ortodoxos, eran judíos, y que no había en Cuba ningún Juego de Ilú que fuese de fundamento.

Entonces, dícese que por 1830, el Onilú africano Añabi se puso de acuerdo con Atandá, que era agbégui o escultor en África y en Cuba tuvo también reputación por los ídolos que él tallaba, los cuales se recuerdan como “muy bonitos”. Atandá también sabía construir tambores y ambos amigos se fabricaron un juego de Batá clepsídricos y con todo ritual los juraron y los bautizaron con el nombre de aquel, Añabí, que quiere decir “nacido o hijo de Aña”.

Así se consagró a Aña el primer juego verdadero de Batá que hubo en Cuba, lo que poco tiempo después el otro tamborero, el que en el cabildo tocaba sin Aña, enloqueció; se dice que lo embrujaron. Estos bata de Añabi y Atandá; que ya son tambores centenarios, pasaron por herencia a un gran tamborero llamado Andrés Roche, que por sus méritos musicales fue conocido por Andrés Sublime, y al morir este los heredó su hijo, Pablo Roche, llamado en su grey Okilákpuá, que hoy es uno de los más afamados Olubatá de Cuba.

Presentación al Tambor
En lo que respecta a quien se le otorga el primer tambor Batá, se dice principalmente que el padrino debe informar a su ahijado que existen varios momentos trascendentales después de la iniciación, en lo que uno de ellos es el que le ofrende un toque de tambor Batá al ángel de la guarda del padrino, porque de ese osha es que nacieron sus Orishas. Con ese tambor se hace Ebbó y tiene la función de restituir fuerza, energía a los Osha y Orisha del padrino, y al Ilé Osha donde se realizó la ceremonia de Yoko Osha y a su propio ahijado.
En este sentido, deben hacerle saber al Iyawó que la presentación al tambor Batá, es otro de los grandes Ebbó que realiza el recién iniciado. Por consiguiente, se le debe explicar que él es el principal beneficiado con esta ceremonia y la presentación al tambor tiene como objetivo potenciar las fuerzas, energías y vibraciones astrales que a partir del Yoko Osha se han acoplado a su cuerpo espiritual-material y que mediante Añá, la deidad rectora del tambor Batá, se le da conocimiento a Olodumare de las ceremonias y consagraciones que se le realizaron en su condición de Iyawó. Seguidamente cuando se presente al tambor Batá se vestirá con su traje de gala y portará los atributos relacionados al ángel de su guarda y las ofrendas que se hacen a Añá.
En áfrica todo se hace con tambores consagrados llamados “Los Batá”, sirven en las fiestas religiosas para acción de gracias y cuando se da un tambor, debe procurarse que al llegar las seis (6) de la noche se pare porque de noche bailan los espíritus y se comete una falta.
Es muy importante destacar que en el lugar donde se esté dando tambor de fundamento, no se permita bebidas, y se recuerde que presentarse delante de aña es cosa seria y sagrada, los Iworos deben estar vestidos de blanco y con la cabeza tapada; bailar delante del aña para los Iworos representa depurarse de todo lo malo que puede tener encima. Asimismo, el oro Batá será interrumpido a la llegada de un Iworo porque la deidad aña que vive en los tambores y se encuentra simbolizado por un fundamento introducido en el interior de cada instrumento durante su consagración, tiene el deber de saludarlo, ya que él conoce la “lerí de su omo Orisha” pues fue presentado. Ç

Tipos de tambores

Los tambores Batá se representan de tres formas: “Iyá” es el grande, lleva alrededor cascabeles o campanitas llamados “Shaguoró”; el mediano llamado “Itotéle” y el menor llamado “Okónkolo”; además de los tocadores del tambor (Olubatá, Omoloañá) y el cantante solista (Akpwón) al cual responde el coro (Ankorí).
La presentación ante los tambores bata del santero, es de suma importancia, ya que esos significan todo en lo que esta religión está basada, en otras palabras, el componente de los tres tambores que componen el juego de los bata significan la creación de toda la naturaleza y el nacimiento de este mundo. Pues en sus secretos a la hora de fabricarlos contiene todos los elementos de los cuáles Osaín se compone y como bien saben esta deidad es la naturaleza en persona, y de él necesitan todos los Orishas, ya que sin él no se puede hacer nada en esta religión.
Él vive en persona dentro de los tambores al momento que éstos se fabrican y se juramentan, la ceremonia de un iniciado no está completa si no está presentado delante del dios de la naturaleza, en este caso: Osaín y aña como es natural si hay personas hijos de Elegguá en el tambor, primero se le saluda a éstos, así se irá saludando en el orden que marque, por ejemplo; Elegguá, Obatalá, Yemayá, Oggún, Ochosí, Oyá, Oshún, Shangó y así sucesivamente.

El baile al tambor

En esta parte de la ceremonia sí se baila, pero sólo lo hacen los hijos del santo al que se esté saludando, esa persona irá delante del tambor, bailará un poco, pondrá su derecho en la jícara que está delante del tambor, no hay marca, se pone lo que se pueda, y automáticamente se tirará en el suelo a saludar al tambor de la forma que se saluda al ángel de su guarda.
Después de esta parte del tambor es norma que cada vez que llega un santero mayor, el tambor lo salude. Asimismo a esta persona se le ponen los platos con los cocos en las manos y se le dice que fije su vista en los cocos, se para a la persona del lugar donde esté sentado y cada una de las dos personas a las cuales se le pagó para sacarlo, lo cogerá suavemente por los codos de modo que le vaya siguiendo al caminar delante del tambor (esta persona debe ser hija de Elegguá, de Yemayá o de Oshún, pues los santos hombres, al no ser Elegguá, no echan agua, lo correcto es que sea una hija de Yemayá, de Oshún o de Oyá), por lo que el cantante empezará a cantar sonando el agogo de Obatalá, si la persona es de la habana y su rama de santo se presentó de la forma habanera, se le cantará el oro mayoco ekimebo, y lo irán sacando al tambor cantando esa canción o rezo, la persona que tiene la jícara con agua, irá delante del grupo echando chorritos de agua fresca (esto se hace para refrescar el camino y quitar todo lo malo del camino del que se está presentando). Pero, si la persona es de matanzas y su rama de santo es matancera, entonces será todo lo contrarío, esta persona se le canta sentado en una silla el moríboyé yeyé; a Elegguá; Oggún; Oshosi y después que se le cante a este último, lo empiezan a sacar de la misma forma, pero cantándole a todos los santos.
De esta manera, cuando ya están presentados, que se terminó de cantarle a todos los santos, le indicarán al que se está presentando cuando se tiene que tirar delante del tambor, una vez terminado de saludar al tambor lo guiarán delante del padrino y lo saludará igual que al tambor, terminado de saludar al tambor las dos personas que lo sacaron delante del tambor, lo cogerán por los brazos y darán las vueltas correspondientes delante del tambor y cuando el que canta le indique, lo sacarán y lo llevarán de nuevo al cuarto de los santos, (en este momento, si la persona es montadora de santo, se monta por lo regular) y al presentarlo, no puede salir del cuarto hasta que el tambor no se acabe. Si la persona que se está presentando está en su día del medio, no se le quita nada de encima, pero si no es su día del medio, se le quitan los collares, el traje, y se viste de blanco.
También la presentación es como si se estuviera recibiendo una divinidad, y bailar delante de aña es depurarse de todo lo malo que puede tener una persona encima si se está saludando al dios Osaín, el dios que representa a la naturaleza en todo su esplendor. Por lo tanto, hay dos formas de presentarse ante el tambor, la forma matancera y la forma habanera; la forma matancera es casi igual que la forma habanera, veámoslas.
Si la persona hizo santo un sábado, el domingo seria el día del medio (este es el día en el que se viste con el traje de gala y donde el público lo puede venir a visitar, donde se hacen las comelatas), ese día. Por lo regular, muchas personas le dan tambor bata a los Orishas para celebrar la iniciación del neófito, pues esa es la mejor oportunidad que existe para presentar al Iyawo delante de aña que es el componente de los tres tambores bata.